La acomodadora del cine. Hopper

Luego es cuando ese hombre y yo nos encontramos delante del antiguo cine en el que tantas películas vi de niña. Mi tío era el jefe de cabina y cuando mi abuelo iba a verlo para charlar, a mí me sentaban en el taburete que estaba al lado del proyector y miraba por el pequeño ventanuco procurando ignorar la incomodidad de la postura y del ruido que producía el aparato y que terminó por dejar medio sordo al hermano de mi abuelo. Y mientras espero recuerdo el olor del ambientador. Un olor a lavanda que Manolo, uno de los acomodadores, o el otro, el otro Manolo, más bajo y parecidísimo al payaso Fofó, pulverizaban en el aire entre sesión y sesión.

fragmento de: DICIEMBRE/ 04